Una de las ventajas de trabajar en una escuela es tener varios periodos de vacaciones, y España tiene un buen número de días festivos durante todo el año. Así que a mediados de octubre me encontraba lista para explorar una nueva ciudad y con un puente de cuatro días. Últimamente, sin embargo, me he sentido indecisa a la hora de tomar excursiones y escoger una cuidad nueva. Tengo tantas posibilidades y una cantidad limitada de tiempo en Europa (por así decirlo) que no sé por dónde empezar. Trato de limitar mis opciones haciendo un poco de investigación, sólo para tener tanta información increíble que no puedo tomar una decisión. Así que, por desgracia, a unos días antes del puente, yo aún no había decidido dónde ir.
Sabía que el día festivo se debió al día de Nuestra Señora del Pilar (12 de octubre), la Patrona de España. Lo que no sabía hasta entonces era que la aparición de María a Santiago encima de un pilar (de ahí viene el nombre) tuvo lugar a orillas del río Ebro (el mismo que se atraviesa Logroño) en la ciudad de Zaragoza, situada a dos horas de distancia de Logroño. El ánimo de mis amigos españoles me impulsó a desafiar las multitudes y salir a Zaragoza para un viaje de último minuto para participar en las festividades y explorar la ciudad. Así que ahí estaba la tarde del viernes, furiosamente haciendo planes de viaje para el día siguiente, buscando un lugar en donde quedarme y con absolutamente cero idea de lo que iba a hacer una vez en Zaragoza.





Como suelo madrugar, salí de Logroño a las 7 de la mañana y llegué a la estación de autobús / tren alrededor de las 9 de la mañana con el tiempo suficiente para dejar mi mochila en consigna, tomar un café con leche y hacer un poco de investigación, mientras esperaba a que la oficina de turismo abriera. Para aquellos interesados en la historia y la geografía, Zaragoza, la capital de la comunidad autónoma de Aragón, se encuentra cerca de 2 horas al noreste de Madrid y 2 horas al oeste de Barcelona. Su historia se remonta a entre 25 y 12 antes de Cristo, en ese entonces una ciudad romana conocida por el nombre de Caesaraugusta. Alrededor de 700 d. C., los musulmanes ganaron el control de la ciudad, la renombraron Saraqusta, y gobernaron durante unos 300 años. Zaragoza después volvió a manos cristianas alrededor del año 1100 al (entonces) Reino de Aragón. Dos horas más tarde, tomé el autobús y me dirigí a la Basílica-Catedral de Nuestra Señora del Pilar. Decir que la iglesia estaba llena sería quedarse corto – había poco espacio para moverse a lo largo de la ornamentada basílica de estilo barroco. Probablemente no mejoré las cosas parando cada pocos pasos para admirar la arquitectura, pinturas y magníficos frescos de Francisco de Goya. Aproveché el ascensor situado en una de las torres del Pilar para conseguir algunas grandes vistas de las cúpulas, el río Ebro y Zaragoza. El resto del primer día consistió en visitas a museos, caminando a lo largo de los mercados del festival y comiendo tapas y deliciosos pasteles. Cada vez que dudaba en mi siguiente parada, empezaba a caminar y me detenía cuando algo me llamaba la atención, oía una melodía interesante o llegaba un tufillo de algo delicioso.




Dado el éxito de mis visitas a los museos el día anterior, empecé mi segundo día con una visita al museo de Goya que se encuentra a un par de cuadras del Pilar. Pasé más de dos horas admirando muchas de sus piezas y aprendiendo más sobre la vida de Goya. Mi mañana terminó en el teatro Caesaraugusta. Había caminado por unas pequeñas ruinas romanas en Zaragoza el día anterior, pero nada comparado con caminar alrededor de los restos de este teatro romano del primer siglo. Casi podía imaginarme estar sentada en uno de los escalones y escuchar un orador defender alguna causa, reír mientras miraba una comedia o encogerme de angustia durante una pelea de gladiadores. Después de disfrutar de par de cervezas y tapas en un pequeño y pintoresco, pero repleto restaurante, mi día terminó con las hermosas vistas de la Aljaferia, un palacio islámico del siglo noveno. Nunca me he sentido tan pequeña y a la vez tan unida a la historia como lo hice ese día entre esos monumentos distintos situados en una misma ciudad.
El lunes, día de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, madrugue otra vez para visitar a la Virgen, como es costumbre, y asistir misa por la mañana. Esas primeras horas tranquilas en la Basílica me permitieron pasar más tiempo admirando la iglesia antes de que comenzara a llegar más gente. Mientras me dirigía en busca de una tienda de churros que había visto el día antes, fui recibida por una gran cantidad de gente vestida en una variedad de trajes tradicionales. La plaza frente a la iglesia tiene un altar que está adornado lentamente a medida que las familias hacen su procesión hacia la basílica vestidas en prendas tradicionales con el fin de dejar una ofrenda floral a la Virgen. Después de esperar una eternidad par obtener unos churros y ver más de la procesión, me dirigí a una cafetería para tomar un café con leche y observar a la gente mientras llegaba la hora de que abrieran los museos. El museo Arturo Gargallo fue un poco difícil de encontrar entre los cierres de calles para la procesión y mi terrible sentido de la orientación, pero bien valió el esfuerzo. Sus esculturas clásicas y modernas fueron el broche de oro al final de mi viaje. Una vez que me subí al tren dirigió a Logroño y encontré mi asiento, me empecé a sentir agotada y me di cuenta de lo mucho que había recorrido y visto en las últimas 72 horas. Definitivamente fue un viaje de diversión, pero la próxima vez, tengo que recordar que menos es más.



![The importance of a[n art] piece is that it tells you something, that it has spirit. Art without spirit is nothing, just material, a manual work that does not mean anything.](https://gabisfootprints.com/wp-content/uploads/2015/10/gargallo2.jpg?w=300&h=225)

