Veintinueve

El mes pasado fue mi cumpleaños. Mi familia ha sido la mejor para celebrar cumpleaños; tuve una fiesta casi todos los años hasta que cumplí 19. Siempre había una piñata, un grande y delicioso pastel, y, hasta que cumplí 12 años, un nuevo vestido de algún color llamativo. Número 20 fue mi primer cumpleaños lejos de mi familia; afortunadamente, tuve buenos amigos en la universidad con quien celebrar y uno en particular me invitó a su casa donde su madre fue muy linda en hacerme una cena e incluso un pastel. Desde entonces he celebrado fuera de casa (Dallas), pero he sido bendecida con familia y amigos increíbles quienes han hecho que cada uno especial. ¿Qué paso en este, el 29? ¡Celebré 29 persiguiendo flechas amarillas por 29 km! Si, me enlace los cordones de las botas de montaña y partí hacia el Camino de Santiago.

He estado con ganas de volver a tomar el Camino desde mi primera aventura en septiembre. Así que, después de algún debate sobre planes de viaje para mi cumpleaños, decidí sacar mi mochila y bolsa de dormir y empezar a caminar. La primavera es un tiempo tranquilo en el Camino; los albergues se acaban de reabrir, y los peregrinos son pocos. Durante los dos primeros días, camine a solas con mis pensamientos y disfrute de volver a enfrentar mis límites. Durante esas horas tranquilas yo estaba contenta con simplemente llegar a la siguiente flecha amarilla que me guiaba hacia mi destino. (Me podría haber perdido una o dos veces, pero fue parte de la aventura.) En el tercer día, la curiosidad pudo más que yo y me presenté a dos chicos que había oído hablar el día anterior y cuya forma de hablar sonaba muy familiar. Resultaron ser de Monterrey, México y terminamos caminando al mismo ritmo durante los próximos dos días. Charlamos, nos reímos e incluso disfrutamos del simple caminar en silencio. Fue fácil hacer amistad pues compartíamos una cultura y la misma aventura. En ningún momento sentí que tenía que apresurarme para mantener su ritmo y me gustaría decir que ellos no se sintieron como si estuvieran desacelerando su paso por mí. Esos dos días pasaron rápidamente y también se sintieron largos.

Me despedí de mis nuevos amigos al final del cuarto día cuando decidí permanecer en el monasterio de San Juan de Ortega para presenciar el “milagro de la luz”. La capilla, construida en el siglo 12, del monasterio fue edificada de tal manera que en el equinoccio de primavera y otoño los rayos del sol poniente caen sobre un pilar e iluminan la cara de María en la escena de la Anunciación. Yo había leído sobre este evento en un libro de ficción histórica y, después de que un amigo español confirmó su existencia pues lo había presenciado, yo supe que tenía que planear estas etapas para llegar allí el 21 de marzo. Por desgracia, las nubes no cooperaron y solo pude ver una pequeña iluminación en el pilar. Aun así, disfrute de una estancia tranquila y única en un monasterio. Esa noche conocí a un señor mayor que estaba también allí para ver el fenómeno y terminaba esta seria de etapas al día siguiente. Me dio muchos consejos y sugerencias sobre el Camino y, después de que nuestros caminos se cruzaran de nuevo a la mañana siguiente, caminamos juntos y hablamos de la Iglesia Católica y su historia en España (fue seminarista en su juventud). Estábamos tan enganchados en la conversación que no percibimos un marcador en el camino y terminamos tomando una larga desviación hacia Burgos al lado de una autopista. Fue una aventura estresante y difícil para los dos y nos quedamos muy agradecidos al llegar al final de nuestro viaje ese día.

Volví a Logroño un poco más triste, sabiendo que pasaría más tiempo antes de que lograra llegar a Santiago. Sin embargo, el Camino me recuerda que los nuevos amigos, retos y aventuras están siempre cerca. Entonces, ¿qué es lo que quiero para este próximo año? Al igual que en esta aventura de cumpleaños, quiero encontrar una razón para sonreír cada día, quiero orar más a menudo, y lograr desarrollarme socialmente. También quiero amarme por quien soy, con defectos y todo. El Camino me recuerda que todos somos más fuertes de lo que pensamos y que una sonrisa es la mejor medicina. ¡29 empezó de maravilla; vamos a terminar con retos aún mayores!

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